Un resquicio de luz surgía del horizonte mientras las casas bullían, la ciudad se desperezaba y el café estaba listo.
A lo lejos, entre la niebla, se vislumbraba una torre. Quizá fuera de una iglesia o de un castillo. Pero para los ojos del chico estaba claro. Se trataba de una catedral. A cada paso que daba por la solitaria calle iba recogiendo, grano a grano, fragmentos de una vida pasada. Cada vez que respiraba el aire fresco a piedra, un nuevo recuerdo le venía a la mente, y con cada uno de ellos esbozaba una pequeña sonrisa mientras seguía decidido a seguir su itinerario.
Habían pasado los años y recordaba el camino como si fuera ayer. Como si todo lo pasado hasta el momento fuera una mañana indeseable de resaca.
Y es que la felicidad no se olvida fácilmente.
2 comentarios:
jijijijijijijiji
Y así debe ser...
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