Allí, donde el resto de mi vida termina, dejando atrás las penas y las maldiciones. Allí, en lo alto del acantilado nos encontramos y, como si dejáramos atrás todo lo demás, el sol poniente nos dejaba el testigo de la noche...
Y entonces te observé, y no había ni Luna ni estrellas, el mar era un vago recuerdo infantil, sólo estabas tú. Tú, mecido por el viento frío del pasado. Me aferré a ti por miedo a que te llevara. Fue entonces cuando nos fundimos, y pasamos el tiempo juntos en un mundo ajeno que no nos perteneció jamás pero que merecíamos. Y el día nefasto no pudo venir con su luz porque todo había acabado.
Solo tú y noche, aunque oscura, estás tú.
martes 17 de junio de 2008
Acantilado
domingo 15 de junio de 2008
Divagaciones nocturnas
Quisiera ser un Dato dentro de tus Intervalos de Confianza, en tu Curva Normal. Distribuirme leptocúrticamente para llamar tu atención. Aspirar a ser tu Media, correlacionar siginificativamente contigo. Contrastar Hipótesis hasta quedar exhaustos y aceptar Ho, manipular Variables Cualitativas para tener éxito en el Experimento.
Planeemos un ANOVA juntos.
Tiempo
Tiempo atrás quedaba su infancia. Se crió en las calles de una gran ciudad al ritmo de su tráfico, donde las vidas se forjan a merced de la independencia. Nunca se sintió solo, sino con ganas de más, de algo más. A tal velocidad se vivía en la urbe que apenas había tiempo para saborearla y grabarla en el recuerdo, y por ello se pasó "aquellos maravillosos años" deseando encontrar aquella parte de él que echaba de menos pero que no había visto nunca.
Quizá ese pasado y la nostalgia que lo abordaba ahora magnificaban esa tristeza que sentía al caminar entre los muros de la que fue su Meca, su Hollywood, su fe. Y solo se arrepentía de no haber parado el tiempo en el momento oportuno. Ese tiempo hace tiempo que marchó.
El olor a café dejó paso y se inclinó ante el perfume de baratillo.
jueves 12 de junio de 2008
Félix Felicis
Ayer me dijeron que la felicidad no existe.
Y me hizo pensar.
Me dijeron que era onírica.
Y me puse triste.
Me pregunté porqué me sentí así. Y si la felicidad no existe, la tristeza no tiene porqué ser menos. La tristeza es la felicidad nostálgica... ¿Cómo no va a existir algo que echamos de menos? Que no perdure en el tiempo no quiere decir nada. Nosotros mismos no somos eternos y sin embargo tenemos la osadía de afirmar "Cogito Ergo Sum".
Quiero seguir buscando momentos de felicidad. Quiero al menos sentirla cada día.
Quiero seguir sintiéndome a veces triste. Quiero echarla de menos, para poder cogerla más alto y más fuerte.
Quiero vivir.
Se abrió la puerta
Se abrió la puerta y el corazón comenzaba a salirse.
Aligeró el paso hacia la papelera, giró redondo en la esquina. Subió las escaleras. ¡Malditas señoras lentas! ¿No pueden ir más deprisa? El suelo parecía quemar. Era un circuito de pruebas, se iba a sacar el carnet de andante. Izquierda, derecha, otra vez derecha, todo recto. Un obstáculo más. ¡Dese prisa! Mapa.
El mundo parecía ignorarle, las cajeras no tenían ni idea de lo precioso y valioso que era el tiempo. Ahí paradas, sin otra cosa que hacer nada más que mascar el mismo chicle una y otra vez. Mirar a la gente y sentar su enorme culo en aquel asiento. Gastar sus vidas en algo que detestaban. Proyectar su propio pesar a los demás. Con la incesante intención de atraerles a la Isla de las Sirenas y compartir su vida hasta la eternidad. ¡Rápido! ¡Dámelo de una vez!
Volvió al tren de nuevo. Solo una más. El contacto con la gente le producía repugnancia y pavor. Tranquilo, solo iban a ser unos cuantos segundos, y ya. Su cuerpo era demasiado valioso, estaba demasiado cargado de recuerdos e historias como para que gente vulgar y ajena a él lo tocase. No quería perder la exclusividad, y menos con gente desconocida y para nada importante en su vida. Sólo pensaba en llegar, íntegro y tal como estaba.
Y llegó.
Y cuando la vió, deseó destrozar la pared en la que se apoyaba por no merecer semejante espalda. Pasaba desapercibida. No para él. Había pasado demasiado tiempo. El corazón cambió de ritmo.
lunes 9 de junio de 2008
Los Primeros Pasos
Un resquicio de luz surgía del horizonte mientras las casas bullían, la ciudad se desperezaba y el café estaba listo.
A lo lejos, entre la niebla, se vislumbraba una torre. Quizá fuera de una iglesia o de un castillo. Pero para los ojos del chico estaba claro. Se trataba de una catedral. A cada paso que daba por la solitaria calle iba recogiendo, grano a grano, fragmentos de una vida pasada. Cada vez que respiraba el aire fresco a piedra, un nuevo recuerdo le venía a la mente, y con cada uno de ellos esbozaba una pequeña sonrisa mientras seguía decidido a seguir su itinerario.
Habían pasado los años y recordaba el camino como si fuera ayer. Como si todo lo pasado hasta el momento fuera una mañana indeseable de resaca.
Y es que la felicidad no se olvida fácilmente.