martes 5 de mayo de 2009

Cerrar la puerta de casa

Y pasa el tiempo.


Hace no mucho pensaba que la vida dependía sólo de si el Sol sale o no. De si la Luna sigue ahí arriba o pende de un hilo. Pero estas cosas se suelen olvidar. Coger una bicicleta puede ser todo un mundo. No hay sensación más refrescante que el viento en la cara cuando se baja una pendiente: un cabello que quiere hacer las maletas e irse de casa, ropas hinchadas del gozo y la mente volando allá donde se pierde el horizonte. Hasta dan ganas de saltar y estamparte contra aquella señora.

Normal que te de pena de la tortuga... pobrecilla. Aunque mira que una vida llena de comida, servicio de habitaciones y temperatura óptima no está nada mal. Pero chica, de vez en cuando un poco de complicaciones no vendrían nada mal, que tienes que estar muy aburrida de hacer siempre lo mismo ahí en el agua. ¿Te vienes conmigo al parque?

Uhm...